Marilyn Monroe fue la personificación del glamour de Hollywood por excelencia.
Su inmenso atractivo fue capaz de conquistar el mundo, pero a pesar de su belleza seductora y sus curvas voluptuosas, Marilyn fue mucho más que un símbolo sexual de los años 50.
La aparente inocencia de su mirada junto a su innata sensualidad hizo de su imagen un ícono de admiración internacional por más de un siglo.
Su vida fue el reflejo de su pasión y lucha personal.

Seguramente, su muerte prematura tenga algo que ver con el hecho de que absolutamente nadie es sólo eso.
Detrás había una persona, un ser humano, con sus miserias y sus debilidades.
No todo el mundo puede soportar el peso de la fama; a veces ni el propio peso de la vida misma.

Hoy su espíritu brilla junto el prestigio de su inigualable imagen de legendaria diva de Hollywood.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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